Encuentro tras encuentro nos vamos rodeando de una sabiduría que excede la lectoescritura.
Las mujeres del centro al que vamos los lunes nos sorprenden siempre. Cada día nos encontramos indicadores sutiles de avance y empuje.
Por ejemplo, el lunes pasado una de las mujeres llegó a clase con un Scrabel casero para practicar. Una montaña de cartones recortados con letras de colores que hizo junto con su hija para poder practicar el arte de "armar palabras" más allá de los encuentros. Hoy otra mujer la imitó y trajo su propio scrabel.
También tenemos entre nuestras participantes a una mujer que sabe reirse a carcajadas. Sonrie a la vida aunque esta le de la espalda. Su historia es difícil, incluye maltratos, violencias y pies descalzos. Sin embargo allá esta ella cada lunes, con una sonrisa y los pies apuntando hacia adelante, intentando aprender aprender y seguir aprendiendo.
Vienen también los lunes una mamá con su hijo adolescente. Juntos están escribiendo una carta solicitando una beca para que el joven pueda estudiar.
Otra de las mujeres nos contó además que sus ganas de aprender a leer y escribir vienen del deseo de poder leer y contestar las cartas que su hijo le escribe desde la cárcel. Pronto podrá escribirle además un cartel dandole la bienvenida a casa cuando salga en libertad.
Y viene también los lunes ella, una señora chiquita y arrugada, que con sus 80 años vuelca todas sus ganas de contar al papel con paciencia y esmero, dibujando en las palabras su historia, sus anécdotas, aprendiendo paso a paso nuevas palabras para decir.
Encuentro tras encuentro atestiguamos que las ganas, la alegría, el empuje, la voluntad y la perseverancia nos dan todavía, nos dan siempre, motivos para la esperanza.
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